Adquirí el hábito de desayunar el mismo día que abandoné el de trasnochar. Fue al cumplir los 30. Miento, a la mañana siguiente de cumplir los 30. La noche anterior celebramos una fiesta que acabó viendo amanecer en el mirador de Sta Catarina, Lisboa, a orillas del Tajo.
Aquella mañana, sin haber dormido, fuimos al barrio de Belem a desayunar esos deliciosos pastelitos que preparan. Agua fresca, café, zumo de naranja y Pasteis de Belem (también conocidas como Natas). Una delicia. Pregunté si me era permitido entrar en la cocina. Ningún problema. Pero eso si, ni hablar de entrar en la Habitación del Secreto. Por lo visto El Secreto de la receta original está guardado bajo llave en una habitación del propio obrador a la que nadie tiene acceso salvo la familia que durante cuatro generaciones regenta el lugar. Insistí un par de veces, comentando que era para uno de mis artículos de viaje pero que jamás se me ocurriría ofenderles desvelando El Secreto. Soy un caballero. No funcionó. No me extraña. Menuda tontería. Si hubiera conseguido averiguarlo lo hubiera gritado a voces.
http://www.youtube.com/watch?v=nDO7JZN0xvI&feature=related
El calor de los hornos me hizo pensar en mi abuela y en aquello que siempre decía pero raramente practicaba de "desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo". Ale, toda la clase media borrada de un plumazo. ¿Qué hay de nosotros? A los que no pertenecemos a la realeza pero podemos permitirnos dormir bajo techo no se nos considera en la ecuación. ¿Cómo debemos pues desayunar?
Propuse a mis compañeros de viaje encontrarnos a los siete días, ya de vuelta, en mi casa. Hora de encuentro: 7:30 de la mañana. Nuestro propósito: desayunar. Ya veríamos cómo.
La sesión fue divertida. Recuerdo que éramos unas quince personas. Amigos y amigas de la época. Cada cual trajo lo suyo. Huevos, pancakes, mieles, mermeladas, fruta fresca, embutidos, quesos, pan de leña, huevos recién puestos, leche, cereales, mosto, té, café, chocolate caliente... Hasta Bárbara trajo limonium recién cortado del camino. Yo me comprometí a tener tres docenas de Natas dispuestas en el horno esperando a los invitados. Comida variada y abundante.
Hay quien desayuna como un Rey. Como un señor. Como Dios. Con diamantes. Solo. Con leche. Nunca. A veces.
Nosotros desayunamos como locos.
Señor Tanino, la vida según me vino
Los artículos gastronómicos del Señor Tanino han llenado las páginas de las más prestigiosas editoriales especializadas en viajes. A lo largo de más de cincuenta años ha recorrido el mundo entero buscando saciar su voraz curiosidad.
Amante de la buena mesa, disfruta tanto de unas raspas de sardina a la brasa como de una escórpora elaborada de la forma más rocambolesca. Probar los Cachupines es motivo suficiente para cruzar el Atlántico y plantarse en el mercado de Oaxaca, Mexico. Siete mil kilómetros para comerse un bicho adobado. No hay problema, lo importante es descubrir cosas nuevas y luego explicarlas. Eso si, siempre acompañado de un buen vino del lugar.
21/11/2011
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Ahhh! Los desayunos
08/03/2012
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